Señores y señoras, con ustedes…Acabo de escucharlo y no puedo creerlo. UGT y CC.OO convocan manifestación para el 12 de diciembre en Madrid.¡Uy, uy, uy! ¡Qué valientes! Al fin un gesto de protesta. ¡Una “manifa”, tíos! ¿Y reivindicando qué?, ¿protestando contra?, ¿exigiendo qué? No se sabe. A punto como están de firmar una nueva reforma laboral, una vez hechas las paces con la patronal, y sabiendo como sabemos que esa reforma no va a ser para favorecernos, mucho nos tememos que esa manifestación es un guiño a los curritos pidiendo su compasión por su inacción ante el desastre del paro, de la precariedad de la explotación, que pretenden remediar con esta “jornada de lucha” pacífica y responsable; con una procesión cada veinte años es más que suficiente. Al fin y al cabo, ellos nos representan, nos convocan, nos conducen y nos traicionan. Ofende a la inteligencia afirmar que los burócratas sindicales defienden nuestros derechos laborales, nuestros intereses ¿Acaso tenemos intereses comunes para que se erijan en baluartes nuestros? Estas dos grandes empresas que se llevan cada año millones de euros del Estado no tienen otro interés que seguir haciéndolo. Abrazando sin pudor los intereses del Estado, que no los nuestros. Sólo en cursos de formación se embolsan este año más de 90 millones de euros cada uno. Y es la punta del iceberg. Todos hemos sido testigos de la actitud de los secretarios generales de ambas formaciones en estos últimos años. La impostura es su bandera. Mientras sus delegados-lacayos firman los despidos y los ERE en las empresas, ellos salen por televisión fingiendo enfado y proclamando a los cuatro vientos que nunca aceptarán un abaratamiento del despido, ni medidas que perjudiquen a sus representados. ¿Ah no? Esto sí que es nuevo. Señores “sindicalistos”, sus más de treinta años gestionando la “cosa” laboral ha dado los frutos deseados a saber: la división profunda entre trabajadores, la desmovilización más absoluta, una parálisis y una pasividad nunca vistas. En definitiva, la paz social, que el presidente progre les ha agradecido afectuosa y públicamente. Ese es el trato. Aún aniquilados somos su preocupación. Somos nosotros y nosotras, los trabajadores, los únicos que desconocemos nuestra fuerza. Y en las circunstancias actuales causa pavor esta balsa de aceite que sólo se agita cuando los traidores deciden que es el momento, su momento. Ante esta convocatoria no caben medias tintas. Si se acude será para reventarles la patochada-protesta. Hay otra opción: no ir, que desfilen ellos y sus liberados, que no son pocos, la procesión será numerosa. Todo un éxito, como siempre, se leerá en los titulares de la prensa del día trece. El pan y el circo en perfecta conjunción. Sólo que el pan se acaba.



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